Venetian - 3355 S. Las Vegas Blvd.
Las Vegas, NV, 89109
(702) 414-8888
La comida francesa tiene fama de ser elegante y exquisita. Sin embargo, pocos restaurantes pueden cumplir con ambos requisitos como Pinot Brasserie, ubicado en la primera planta del hotel Venetian. No se puede esperar menos del famosísimo dueño, el gran chef Joachim Splichal.
Tan pronto entres, te darás cuenta que este es un lugar para comer en serio. Pasando la entrada hay una barra grande donde puedes esperar a tus amigos o pareja, si fuera necesario. Tanto en la barra como en los comedores abundan los paneles de madera fina y los candiles de cobre, cuya tenue luz es muy apropiada para una noche romántica (y para descansar los ojos de la fuerte luz en el casino). En uno de los comedores hay una chimenea. A lo largo de algunas paredes hay booths con bancas corridas que permiten conversar con más privacidad.
Tan pronto llegamos a la mesa, nos trajeron bollos de pan caliente, mantequilla y, sorpresa, copas de champaña, así como el menú y la lista de vinos. El menú destaca por su énfasis en la cocina típica francesa con uno que otro platillo con influencia californiana e italiana.
Empezamos con cuatro entremeses: ensalada César, charcutería (embutidos), foie gras (hígado de ganso) y escargot (caracol). En los tres casos, la apariencia de los platillos fue excelente. ¿Y el sabor? Para chuparse los dedos (a escondidas). La ensalada tenía largas hojas de lechuga sujetas con un delicado hojaldre y anchoas en el fondo. Eran por lo menos seis los diferentes embutidos que nos trajeron, incluyendo mortadela, salami, carpacho de pato y paté. El caracol vino bañado en una delicada salsa de mantequilla con ajo, frisé amarillo y vinagre de trufa. La consistencia del caracol no fue nada viscosa (algo que temen algunos). El foie gras lo doran y sirven con rebanadas de pan crujiente dulce, verduras y vinagre de jerez.
Otros entremeses que destacan son el caldo de cebolla gratiné (servida con un bollito y queso gruyere) y almejas mariniere, en salsa de vino blanco con papas fritas y ajo.
Los platillos principales que probamos fueron el osso buco y el pescado blanco. El osso buco era muy tierno, cosa que no es fácil de encontrar. El pescado tenía alcaparras y estaba bañado en una salsa dulce. El filete estaba dividido en dos, en forma de sándwich, con una papa delgada en medio a lo largo.
Para acabar, te recomendamos postres como crème brulee (natilla) y crepe suzette. En contraste con la natilla servida en muchos lugares, la de Pinot no es empalagosa, y la corteza de caramelo es fácil de cortar (en otros lugares puede ser tan dura que acabas salpicándote de natilla). El crepe es exquisito, con mandarinas y Grand Marnier.
La selección de vinos es muy extensa (como debe ser en un buen restaurante francés) e incluye no solamente vinos franceses, sino de California, Australia, Nueva Zelanda y otros países. Si gustas más de una copa pero no tanto como una botella, puedes pedir media botella de ciertos vinos.
El servicio es excelente. Durante la comida nunca tuvimos que pedir que nos trajeran esto o aquello. Como si pudieran leer nuestras mentes, nos trajeron agua, pan y demás justo cuando fue apropiado.
-- Por Vincent Hamon